13/1/14

Era la primera vez que me peinaba en todo el fin de semana, y eso no me gustaba. Creo que llevo ya cerca de tres años que no meto punzadas a mi melena. Y no me gusta porque desde que existe nuestra historia los nidos en el pelo es normal, el tener enredado significa que nos hemos amado mucho en nuestro propio cielo, que nadie entraba allí si nosotros no queríamos, que la mejor sábana era nuestra piel, y que sus 136 lunares se veían a la luz de la mesita. Joder, que los vales de masajes y los masajes por un "vale, mañana nos vemos" saben mucho mejor cuando sabes que es verdad, y que no habrá kilómetros que quieran separarnos. Como las teclas de un piano... ¡Eso! Eso es mi cuerpo cuando él llega, notas con acordes muy agudos, como los gritos que me hace contenerme si hay alguien en casa.
Ten cuidado, que hasta los gatos hablan cuando les guiñas un ojo. 
Haría mil caminos, con distintas tonalidades, uno muy naranja como Amelie, uno muy azul como El lado oscuro del corazón, uno muy lila de Regreso al futuro, uno amarillo como la coñoneta de Kill Bill, quizá le metería uno en blanco y negro, por Casablanca y porque Bogart me daba pena con eso de su inmovilidad de labio superior. 
¡Me haces desvariar, Yann Tiersen!
Como te decía, el venía a esta casa con muchas de idas de superhombre de Nietzsche, y me hacía creer que Sun Tzu no tenía ni idea de estrategia militar. Maldito. 
Oye, a lo mejor IT era bueno y le hicieron creer que era malo. Malditos. 
Por donde iba, que no me gusta peinarme. Que la cara llena de pelos al despertarme me dan seguridad, que a mi los versos ya no me valen, me valen los tatuajes de cámaras de cine con huellas, sí, sí. HUELLAS


Nubes de Limón

Nubes de Limón
En esta vida hay que equilibrar esa balanza de la gente que no quiere sonreir.

Limoneros

Vie.

Mi foto
Los versos de una náufraga que nunca encontró un coco en su isla

Veces que soñé