28/2/11

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Café. Solo. Solo con una media cucharada de café. Café amargo. Café que te quite el sueño. Café del vicio. Café latino. Café que pone nervioso. Me gusta tomar cien cafés a tu lado. Sé que siempre lo pides con leche, que te gusta rebosar la taza de azúcar, y que siempre pides galletitas. Pero a mi me gusta sólo. Sin nada. Bueno, sí. Sólo contigo. Y me gusta que me cojas de mano mientras bebes un pequeño sorbo. Que cuando sea verano me metas un hielo en la tazita. Que cuando sea invierno me dejes tus guantes del Decatlon. Me gusta que sonrías mientras lo bebas. Me gusta que lo saborees, y digas que no entiendes por qué me gusta solo el café. Me gusta que cuando ya no quede en la cafetera, esté siempre dispuesto ha hacerlo, que me da lo mismo si lo haces de mezcla o puro. Lo beberé igual. Tus manos han rozado esos granos de café. Tus manos han sabido recorrer después mi anatomía

27/2/11

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Y con el cigarro en una mano, y la poesía en la otra, comenzó a llorar. Él se había ido. Y ya no tendría más noches follando como locos. Ya no tendría más besos escondidos bajos las sábanas. Ya no se empotraría con la pared esperando a que él llegara con esas manos agrietadas.

25/2/11

Dulce. Como las noches de un verano que se acaba. Dulce. Como ver las estrellas con una chaqueta de tibia lana. Dulce. Como el calor que desprenden los labios. Dulce. Como los sonidos que transmite Yiruma en sus temas. Dulce. Como el sonido de una cascada en pleno otoño.
Amargo. Como las tardes de un invierno recién invitado. Amargo como el whisky las noches de sombras. Amargo. Como el frío de los silencios inequívocos. Amargo como un réquiem frente a un ataúd. Amargo. Como la falta de escalofríos con un beso. Amargo como el sabor prudente de un limón.
Codicioso. Como una tarde que se quiere acabar. Codicioso. Como una noche que nos deja velar. Codicioso. Como la tarta de manzana de la abuela. Codicioso. Como el destino mismo. Codicioso. Como es él.

23/2/11

A veces, sin saber muy bien porqué, pierdes la compostura. Creías que ibas a aguantar del tirón ese mal trago, y no... No te sientes con fuerzas. El otro día murió mi abuelo, y me despedía de él como yo bien sabía, sonriendo, con el viento a favor y el pelo diciendo adiós a la par que mis palabras. Él sereno. Yo de repente no supo reaccionar, lo perdí todo. Sus ojos cerrados, su cara pálida. Guapo, como siempre ha sido mi abuelo, emocionado, feliz, sabio, amable, dulce, fuerte, luchador... Mi abuelo que ya no está. Vuela, vuela por otro mundo, solo espero que algún día nos encontremos todos.

18/2/11

Me siento algo confusa. Las horas pasan por el fuego de la lumbre. Los minutos se van haciendo ceniza. Y mientras los segundos se van volando por ahí. Confío en el que los días me dejen huella, que no sían simples esperpentos de una noche que aún no sucedió. A veces no soporto las miradas indiscretas por la calle. A veces odio que me despierten. Otras muchas amo que un mensaje me haga abrir los ojos a medianoche.
Un suspiro vuela merodeando mi ventana. Una sonrisa se posa en el alfeizar. No hace nada, solo disimular lágrimas. Y ahora, solo... ¿Qué queda?

17/2/11

Soy algo difícil de comprender. Nadie me conoce realmente. No lo hago ni yo. Me gusta sentir el frío en la nariz cuando empieza el otoño. Coger con el dedo el chocolate que queda en la taza cuando terminas el cola-cao. Los zumos de naranja naturales fríos por la mañana. Los coches de color azul metalizado. Los anillos para un día cantoso. El vapor que desprende un café solo por las tardes. Las galletas inglesas cuando hace frío. El idioma alemán y el acento argentino. Las manos suaves que saben lo que buscan. Los besos en el cuello en verano con el pelo corto. Las fotos de besos a contraluz. El silencio de una canción cuando va a llegar a un orgasmo. Los colores de los vídeos de Coldplay. La pequeña papada que se le hace a mi madre cuando se queda dormida en el sofá. Los "morros" llenos de tomate al comer espaguetis. Llamar a mi móvil cuando le tomo por perdido y oír el yavoy que puse hace años de The Fray -You found me. Me gusta leer poesía. Benedetti y táctica y estrategia. Salinas con la voz a ti debida. La música clásica cuando me siento deprimida. El rock cuando tengo ganas de salir. Me pongo música cuando estoy en la ducha, y mido el tiempo dependiendo de las canciones que oiga. Odio la espuma en los ojos. Me escuece. Tengo problemas desde bien chica en la espalda, y no aguanto más de 1 hora con la misma postura. Me gusta correr 10 minutos por el pueblo, sobre todo si he bebido y llevo tacones. Me gustan los vestidos, largos y cortitos. Las botas militares y las sandalias romanas. Siempre he querido unos tacones de color verde y todos los tengo negros. Con cada filete que me como le suplico a mi madre que al próximo día haga una salsa de esas suyas de almendras, nueces, pimienta... Hoy mi madre me ha hecho caso. Me gusta el agua del tiempo, ya sea verano ya sea invierno. El pan calentito y la lasaña de mi madre. Tengo dos hermanos. Un bar impresionante. Unos compañeros de clases raritos a mi parecer. Y soy yo. Sin peros.

Cuidado con tu vestimenta.

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A veces me sorprendo con lo ruda que soy. Comprendo que sea difícil, que a veces me desbanque de mis casillas, que en ocasiones odie a mucha gente, que sea tonta, estúpida y manejable. Puede que consideres que soy payasa, pero sí, la que también de desbanca en todo.

13/2/11

Porque te necesito como a la luna en las noches oscuras. Porque te necesito llenando de olores de amanecer mi cama. Porque te necesito canturreando canciones de antaño. Porque te necesito a mi vera, rozándome el labio con los dedos. Porque me haces falta hoy más que nunca, que la tarde se ha puesto gris, y no tengo ni Mahous en la nevera. Ni chocolate en la despensa, ni café en la cafetera. Tengo mono de tabaco dulce. De tus labios de fuego... Y que nunca había sentido tanto frío en el cuerpo como hoy, que el hielo se está empezando ha hacer eterno, o eso me parece. Ven a verme. Sácame de la Siberia extremeña, y juguemos al amor.

12/2/11

Si tu magia no nace por aquí...

Te deslizas como si fueras de viento...
Sí me sueltas entre tanto viento...

9/2/11

Dicen que el mundo tiene unos cuatro elementos vitales para nuestra existencia, el aire, la tierra, el agua y el fuego. ¿Por qué el fuego? ¿Por qué yo te necesito a ti esperando a que me despierte fumando un cigarrillo al lado de la ventana? ¿Por qué necesito que enciendas la lumbre por la noche porque soy incapaz? ¿Por qué? Sí, es necesario también el fuego. Porque yo te necesito a ti, y sin ese elemento quizá no serviría de nada esto. Yo no vivo porque sí... Una noche el fuego de mi padre hizo que mi madre sintiera bien dentro. Pero hoy tengo una Antártida aquí dentro y no sabes lo que se siente al no poderla apaciguar. Esta noche te he visto en la calle, ya no nos dejan ni fumar tranquilos en los bares, y te perdía en los silencios de la gente, y te encontraba con el silencio de los coches. Y perdía el frío en ese momento. Y alguien cruzaba de bando. Y esta vez he caído. No estabas solo... ¿Por qué, si hace dos días estabas fumando en mi ventana, si hace una noche estabas echando leña a mi lumbre? ¿Quién es ella? ¿Cuándo le has conocido? ¿No crees que merezco un poco de serenidad en esto? Me gustaría haber ido allí, y besarte, hasta que sintieras el aire frío que recorre mis entrañas, para que sintieras el dolor de un adiós no pronunciado. Para que ella supiese que no tengo miedo. No tengo miedo a nada de lo que vendrá. Y quiero, quiero abrazarte, que me traigas el desierto del Sahara de nuevo, y que me lleves a Iguazú, y que crucemos con canoas el por el viento. Y que de la tierra salgan flores del color del carmín que me diste... Lo necesito.
Vamos, valiente.

De ese color.

7/2/11

Me enerva...

No me gusta la tele alta, pero escucho la música con tanto volumen que me pitan los oídos. Nunca he entendido porqué la gente escucha house, o reggaeton. No entiendo porque me llaman rarita si escucho Extremoduro. No me gusta el silencio que se produce el segundo antes de decir un te quiero, más que nada porque él mira siempre nervioso. Me gusta estar con alguien una noche y al día siguiente no recordar a que sabían sus labios. Me gusta la vida. Y eso es algo que tengo claro. Me da pánico el frío en verano y en sus brazos. Jamás he soñado con caída de dientes ni nada por el estilo. Confío en mis sentimientos y eso me ha hecho perder muchas veces. Me gusta rodearme de mis amigos y que abran las alas cuando les dices que mal. Te enseñan a soñar, y eso quizá es malo, pero son mis amigos. Quizá hoy en el entierro no me salga ninguna de las palabras que me había apuntado con miedo en la mano, al querer despedirme de este amor. Quizá viva de nuevo.

3/2/11

Amaba esa dulce sensación de que todos te miran por celos. Me gustaba el silencio que se producía cuando ibas de la mano con él. ¡Qué bonito era el que te dijera te amo, cuando ese local estaba abarrotado de gente que no hacía más que desprender miradas indiscretas! Después no me gustó la sensación de que me miraran, porque no eran celos, era pena. No me gustaba el silencio porque ya no iba de tu mano. No me gustaba que las miradas indiscretas pasaran por mi portal, porque ya no iba a locales. Desde que te fuiste fui difícil de conquistar. Ni un hombre me hacía sentir como tú. Y nadie me había querido echar para adelante... Y llegó él. Con ese pelo negro desafiando a tus ojos verdes, llegó con primaveras metidas en un bolsillo de pana. Y no en el frío cuero que me abrigó. Tenía una sonrisa que evocaba a la Antártida entera de lo claro que era su ser. Nunca llevó botas, pues las deportivas te permiten correr más, y el viento entra por los calcetines. Nunca me ha hecho sentir tristeza bajo el bolsillo donde guardaba un pañuelo, que por cierto tiré. Sabía cuales eran mis flores favoritas, pero sabía mi olor preferido también. Jamás me dio un clavel, sabiendo que hay rosas con jazmines que elevan la esencia. Él sabía que me gustaba escuchar, y estando conmigo nunca puso nada del barrio, ni de los chichos ni ciertos grupos. Siempre dijo que Roberto Iniesta era un inepto, pero le gustaba el solo de guitarra. Al menos eso. Nos gustaba el vino de cartón, pero solo con chucherías dentro. A ti solo te ganaba con ron, y sabes que le odio, donde esté el whisky que me quiten cualquiera más. El tenía el pelo oscuro, como tus sueños... Y nunca me dijo adiós.

2/2/11


Hoy cumple años mi madre, nunca me había propuesto regalarle nada, pero hoy sí. Hoy tenía ganas de darle un ramillete de violetas. La tienda más cercana a mi de flores no disponían de dichas. Pregunté por los jazmines, sí, esos que inundan la casa con un dulce y fresco olor a verano y a noches en vela. No es época de ellos. Y por último los claveles, esos que acompañan con mi casa, el salón verde botella, y las noches oscuras, más aún aquí dentro. Blancos que dan brillo, como el de los ojos de mi madre. Gracias mamá. Te quiero de verdad.
Manos las de mi madre, tan acariciadoras,
tan de seda, tan de ella, blancas y bienhechoras.
¡Sólo ellas son las santas, sólo ellas son las que aman,
las que todo prodigan y nada me reclaman!
¡Las que por aliviarme de dudas y querellas,
me sacan las espinas y se las clavan en ellas!

Para el ardor ingrato de recónditas penas,
no hay como la frescura de esas dos azucenas.
¡Ellas cuando la vida deja mis flores mustias
son dos milagros blancos apaciguando angustias!
Y cuando del destino me acosan las maldades,
son dos alas de paz sobre mis tempestades.

Ellas son las celestes; las milagrosas, ellas,
porque hacen que en mi sombra me florezcan estrellas.
Para el dolor, caricias; para el pesar, unción;
¡Son las únicas manos que tienen corazón!
(Rosal de rosas blancas de tersuras eternas:
aprended de blancuras en las manos maternas).

Yo que llevo en el alma las dudas escondidas,
cuando tengo las alas de la ilusión caídas,
¡Las manos maternales aquí en mi pecho son
como dos alas quietas sobre mi corazón!
¡Las manos de mi madre saben borrar tristezas!
¡Las manos de mi madre perfuman con terneza!
Alfredo Espino.

Te quiero mamá.
http://www.youtube.com/watch?v=o1UhzRO-S60
http://www.youtube.com/watch?v=zVRN8d2kh1g
Gracias.

1/2/11

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Me he perdido en mil edredones diferentes. He llorado en mil baños de distintos colores. Mis manos ha habitado mil bajos distintos. Mis sueños han volado por aceras ajenas. He robado sonrisas y he robado lágrimas con besos. He metido goles jugando de pequeña, y he parado todo balón. He corrido haciendo un calor tórrido pero también bajo la lluvia más rápida. He sabido controlar impulsos y otras muchas veces los dejado actuar. No recuerdo nada de lo que hice ayer, si no hay una risa que acompañe. No me acuerdo de las lágrimas que dejé por nadie. Y no recuerdo a los que me hacen mal. Me gusta sentir que soy yo, sin peros con mi sonrisa en forma de media luna, la que sonríe al viento y no pasa nada.

Nubes de Limón

Nubes de Limón
En esta vida hay que equilibrar esa balanza de la gente que no quiere sonreir.

Limoneros

Vie.

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Los versos de una náufraga que nunca encontró un coco en su isla

Veces que soñé