Venga, vamos a hacer una película de valientes. Que el guión lo podamos mezclar bien con el café, y el azúcar lo pongamos en lo técnico, que lo mismo nos falla. Pero oye, que lo haremos bien, seguro.
¡Llama a producción! Diles que nos reserven un vuelo a Nunca Jamás, o yo que sé, me vale con ir al bar de la esquina. Quizá el script en nuestra producción no esté muy bien remunerado, pero seguro que se divierte con el director de fotografía mientras dicen que somos los peores actores del mundo.
Que eso de llevar un papel a la vida no se nos da muy bien, quizá acierto más si digo que se nos da fatal. Pero eh, que yo te enseño a bailar, si quieres, como Fred Astaire.
Venga anda, que nuestro músico será Yann Tiersen y nos fijaremos en los pequeños detalles, como la sonrisa de Amèlie con la crema catalana.
Sh, no me digas que no te gusta tanto el cine, que a lo mejor nos volvemos locos, Doc.
Ya estoy desvariando otra vez. ¡Forillista, esta ventana no tiene lo que yo quiero ver, no le tiene a él!. Se me va de las manos, quizá los sonidos ambientes de las teclas no queden muy bien, ¡pero qué me dices de los suspiros!
22/11/14
26/9/14
Que tienes esa sonrisa, esos labios, esa dulzura y ese amargor. Que tienes en tus manos el poder de conquistar, y en tu lengua la palabra para llegar donde quieras.
Y así estás hecho, de mil quinientas sonrisas que devuelves al mundo cuando quiere dar palos. Que tienes el color de las estaciones, y el frescor de la Antártida. Así estás hecho, con muchos poros cálidos del Sahara, hecho de fragmentos de lugares, situaciones y sensaciones.
Sensación en situación constante, eso es.
Sabes a zumo de naranja recién exprimido, sabes al click de una foto, sabes al cine de verano, y a la pelis con manta, sabes a sueños reconstruidos, a los deseos de estrellas fugaces y de soplar velas, sabes a escribir cuando se necesita, sabes al sol del atardecer, y sabes a la luna creciente y nunca menguante, sabes a la sonrisa con lágrimas.
Te necesito como a las pastillas cuando me duele la muela, te necesito como a la comida de mamá, te necesito como al desayuno, como a ver películas, como a soñar.
Y eso, sólo quería decirte que tengo ganas de verte.
Y así estás hecho, de mil quinientas sonrisas que devuelves al mundo cuando quiere dar palos. Que tienes el color de las estaciones, y el frescor de la Antártida. Así estás hecho, con muchos poros cálidos del Sahara, hecho de fragmentos de lugares, situaciones y sensaciones.
Sensación en situación constante, eso es.
Sabes a zumo de naranja recién exprimido, sabes al click de una foto, sabes al cine de verano, y a la pelis con manta, sabes a sueños reconstruidos, a los deseos de estrellas fugaces y de soplar velas, sabes a escribir cuando se necesita, sabes al sol del atardecer, y sabes a la luna creciente y nunca menguante, sabes a la sonrisa con lágrimas.
Te necesito como a las pastillas cuando me duele la muela, te necesito como a la comida de mamá, te necesito como al desayuno, como a ver películas, como a soñar.
Y eso, sólo quería decirte que tengo ganas de verte.
29/8/14
"No sólo has sido tan afortunado como para estar vinculado desde tiempo inmemorial a una línea evolutiva selecta, sino que has sido también afortunado- digamos que milagrosamente- en cuanto a tus ancestros personales. Considera que durante 3.800 millones de años, un periodo de tiempo que nos lleva más allá del nacimiento de las montañas, los ríos y los mares de la Tierra, cada uno de tus antepasados por ambas ramas ha sido lo suficientemente atractivo para hallar una pareja, ha estado lo suficientemente sano para reproducirse y le han bendecido el destino y las circunstancias lo suficiente para vivir el tiempo necesario y poder hacerlo. Ninguno de tus respectivos antepasados pereció aplastado, devorado, ahogado, de hambre, atascado, ni fue herido prematuramente ni desviado de otro modo de su objetivo vital: entregar una pequeña carga de material genético a la pareja adecuada en el momento oportuno para perpetuar la única secuencia posible de combinaciones hereditarias, que pudiese desembocar, casual, asombrosa y demasiado brevemente en ti".
Una breve historia de casi todo (Bill Bryson)
Y diréis que a cuento de qué esto. Casualidades, a eso viene.
Y aviso que esto será largo, porque lo primero es que tengo ganas de desplegar. Sólo escribir.
Hace dos años, exactamente hoy dos años y veintisiete días, dio el caso que seguía teniendo relación estrecha con dos amigas. La relación de la primera viene del cole, la edad, que ya es casualidad que sus padres quisieran tener un hijo después de once años sin tener uno, casualidad, yo también me llevo once con mi hermano mayor. Casualmente su hermana y la mía también tienen la misma edad. Bueno, dejo de hablar de las casualidades de que nuestros padres estuvieran igual de deseosos a la hora de tener hijos.
Como os iba contando, esta amiga y yo hace dos años y dos meses empezamos a quedar para ver películas todas las noches con otra amiga. Mi mejor amiga, de la que ya os contaré la casualidad de tenerla.
La relación de la segunda amiga viene a que mis padres se casaron jóvenes, de ahí empezó el negocio en el bar, para alimentar tres picos uno no era suficiente, dos está mejor. Así conocí a mi amiga, estando en el otro bar, mira que mi pueblo es pequeño (1,5 km más o menos de largo) pero si vives en una zona conoces y te llevas bien con los que viven allí, y como ella venía en fiestas y fines de semana (ella es de Madrid) pues nos juntábamos. Nos comprábamos la revista dibus y esas cosas. Bueno me vuelvo a desviar. A lo que venía, hace hoy dos años y veintisiete días a estas horas probablemente estaría viendo alguna serie, intentando hablar con alguien que no me hacía caso, escuchando música, en el río. ¡ESO! Yo estaba pegándome un chapuzón. Y por la noche, inmaculadamente cogimos mi portátil, buscamos una película (romántica, fantasía o dibujos, me cerraban mucho el margen) y nos disponemos a verla. Terminamos y nos vamos a la plaza del pueblo. Por aquel entonces eso de tener internet en el móvil era un sueño, así que me fui con mi amiga que tampoco tenía a coger wifi del ayuntamiento. En Madrid se van al Starbucks o Mcdonalds, nosotros aprovechamos mejor lo que pagamos. Como os iba comentando. Esa noche mi amiga que nos conocemos de pequeña pero que no era de aquí acababa de llegar al pueblo y me escribe "oye vente al parque que han venido unos amigos míos" mi contestación de primeras fue "tía, son las dos, estoy reventada" lo pensé mejor, la que había venido a ver la peli conmigo (la de la casualidad con los hermanos) me dijo, "venga vamos a verla y nos vamos". Tampoco es que se lleven precisamente bien, pero oye, no sé.
Llegamos allí. Joder, que vergüenza. Aviso, yo estaba superenamoradísima, sino podéis leer otras entradas. Y ahí estaban, fumándose una cachimba, tres chicos y mi amiga. Hablamos de muchas cosas, hablamos de sus carreras, hablamos de lo que yo iba a empezar a hacer. Paseamos por el pueblo, y la verdad, me gustaron mucho. Su casualidad también es intensa. Ella estudia lo mismo que dos de ellos, casualmente ellos son del pueblo de al lado. ¿Y él? ¿El otro chico? Él conoció a uno de ellos en unas clases de inglés en Irlanda, se llevaron bien y ahí los tienes a los dos sentados.
Día siguiente, yo sigo enamoradísima, mi cabeza no piensa en otra cosa. Otra noche más le escribo que se acabó que esto no puede seguir así, que si no me quiere yo ya no le puedo querer más, etc. Mañana siguiente, claro, sin respuesta a lo que le digo le pido perdón. He sido muy tonta. Y esa noche digo que venga a emborracharnos.
Y ahí estaban ellos, joder, ahora me acuerdo mejor, me han caído muy bien. ¡Oh! les gusta el cine (en verdad no dije ¡oh! es para quedar más british) y eso me gusta, les gusta el cine español, el americano, joder y la música... tienen gustos buenos. Me gusta. Y así, sin quererlo y queriendo empieza nuestra historia. Joder, sabes como ayer. Como si ya nos conociéramos. Como si formaras parte de otra historia que creamos antes, amanecemos tarde.
Y así seguimos, generando casualidades, encontrando la más grande.
Una breve historia de casi todo (Bill Bryson)
Y diréis que a cuento de qué esto. Casualidades, a eso viene.
Y aviso que esto será largo, porque lo primero es que tengo ganas de desplegar. Sólo escribir.
Hace dos años, exactamente hoy dos años y veintisiete días, dio el caso que seguía teniendo relación estrecha con dos amigas. La relación de la primera viene del cole, la edad, que ya es casualidad que sus padres quisieran tener un hijo después de once años sin tener uno, casualidad, yo también me llevo once con mi hermano mayor. Casualmente su hermana y la mía también tienen la misma edad. Bueno, dejo de hablar de las casualidades de que nuestros padres estuvieran igual de deseosos a la hora de tener hijos.
Como os iba contando, esta amiga y yo hace dos años y dos meses empezamos a quedar para ver películas todas las noches con otra amiga. Mi mejor amiga, de la que ya os contaré la casualidad de tenerla.
La relación de la segunda amiga viene a que mis padres se casaron jóvenes, de ahí empezó el negocio en el bar, para alimentar tres picos uno no era suficiente, dos está mejor. Así conocí a mi amiga, estando en el otro bar, mira que mi pueblo es pequeño (1,5 km más o menos de largo) pero si vives en una zona conoces y te llevas bien con los que viven allí, y como ella venía en fiestas y fines de semana (ella es de Madrid) pues nos juntábamos. Nos comprábamos la revista dibus y esas cosas. Bueno me vuelvo a desviar. A lo que venía, hace hoy dos años y veintisiete días a estas horas probablemente estaría viendo alguna serie, intentando hablar con alguien que no me hacía caso, escuchando música, en el río. ¡ESO! Yo estaba pegándome un chapuzón. Y por la noche, inmaculadamente cogimos mi portátil, buscamos una película (romántica, fantasía o dibujos, me cerraban mucho el margen) y nos disponemos a verla. Terminamos y nos vamos a la plaza del pueblo. Por aquel entonces eso de tener internet en el móvil era un sueño, así que me fui con mi amiga que tampoco tenía a coger wifi del ayuntamiento. En Madrid se van al Starbucks o Mcdonalds, nosotros aprovechamos mejor lo que pagamos. Como os iba comentando. Esa noche mi amiga que nos conocemos de pequeña pero que no era de aquí acababa de llegar al pueblo y me escribe "oye vente al parque que han venido unos amigos míos" mi contestación de primeras fue "tía, son las dos, estoy reventada" lo pensé mejor, la que había venido a ver la peli conmigo (la de la casualidad con los hermanos) me dijo, "venga vamos a verla y nos vamos". Tampoco es que se lleven precisamente bien, pero oye, no sé.
Llegamos allí. Joder, que vergüenza. Aviso, yo estaba superenamoradísima, sino podéis leer otras entradas. Y ahí estaban, fumándose una cachimba, tres chicos y mi amiga. Hablamos de muchas cosas, hablamos de sus carreras, hablamos de lo que yo iba a empezar a hacer. Paseamos por el pueblo, y la verdad, me gustaron mucho. Su casualidad también es intensa. Ella estudia lo mismo que dos de ellos, casualmente ellos son del pueblo de al lado. ¿Y él? ¿El otro chico? Él conoció a uno de ellos en unas clases de inglés en Irlanda, se llevaron bien y ahí los tienes a los dos sentados.
Día siguiente, yo sigo enamoradísima, mi cabeza no piensa en otra cosa. Otra noche más le escribo que se acabó que esto no puede seguir así, que si no me quiere yo ya no le puedo querer más, etc. Mañana siguiente, claro, sin respuesta a lo que le digo le pido perdón. He sido muy tonta. Y esa noche digo que venga a emborracharnos.
Y ahí estaban ellos, joder, ahora me acuerdo mejor, me han caído muy bien. ¡Oh! les gusta el cine (en verdad no dije ¡oh! es para quedar más british) y eso me gusta, les gusta el cine español, el americano, joder y la música... tienen gustos buenos. Me gusta. Y así, sin quererlo y queriendo empieza nuestra historia. Joder, sabes como ayer. Como si ya nos conociéramos. Como si formaras parte de otra historia que creamos antes, amanecemos tarde.
Y así seguimos, generando casualidades, encontrando la más grande.
28/4/14
Y así eramos nosotros, de darnos más de lo que se permitía y menos de lo que estaba bien. Con sonrisas despeinadas, con amaneceres borrachos y las noches... ¡y las noches!
Que de vaya cosas nos gusta hablar, que somos capaces de querernos por el día y por la noche no tenemos término, que echamos de menos poros, suspiros, pelos, labios, cuerpo.
Y así eramos. Como la ventisca que se nota en las entrañas, como el calor del hielo. IMPREVISIBLE. Y eso me aseguraba aventuras cada día.
Imagina, la mente se disparaba en alarma buscando sueños.
Y así somos, cada día más locos.
Nosotros eramos de mahous en la terraza de un bar, con una tapa, eso sí. Y eramos de cine español y cine europeo, pero el cine americano también. Y asiático. Que me enrollo, somos de cine. Con nuestros puntos de giro, sin finales, pero inesperados los encuentros. Somos de besos a lo Jean Pierre Jeunet y a lo salvaje como Coppola. Así, muy de familia.
Estamos hechos de dinamita, y Nobel ya no estaba para arrepentirse de esa creación.
Galácticos muy de Neil Armstrong, pero de pasitos grandes y decididos. Mira que nos gusta imaginar.
Somos la fotografía en la movida madrileña de García Alix, y somos un poco de Rocknrolla.
Y así teníamos el cielo, como para pisarlo... ¡QUE LO TENÍAMOS AL DADO, AL ALCANCE DE LOS DEDOS!
Que así eramos nosotros, que cuando estábamos bien éramos capaces de mover el mundo.
Y así nos quisimos y nos queremos, con una arquitectura férrea, con un compás de naturaleza y matemáticas.
13/1/14
Era la primera vez que me peinaba en todo el fin de semana, y eso no me gustaba. Creo que llevo ya cerca de tres años que no meto punzadas a mi melena. Y no me gusta porque desde que existe nuestra historia los nidos en el pelo es normal, el tener enredado significa que nos hemos amado mucho en nuestro propio cielo, que nadie entraba allí si nosotros no queríamos, que la mejor sábana era nuestra piel, y que sus 136 lunares se veían a la luz de la mesita. Joder, que los vales de masajes y los masajes por un "vale, mañana nos vemos" saben mucho mejor cuando sabes que es verdad, y que no habrá kilómetros que quieran separarnos. Como las teclas de un piano... ¡Eso! Eso es mi cuerpo cuando él llega, notas con acordes muy agudos, como los gritos que me hace contenerme si hay alguien en casa.
Ten cuidado, que hasta los gatos hablan cuando les guiñas un ojo.
Haría mil caminos, con distintas tonalidades, uno muy naranja como Amelie, uno muy azul como El lado oscuro del corazón, uno muy lila de Regreso al futuro, uno amarillo como la coñoneta de Kill Bill, quizá le metería uno en blanco y negro, por Casablanca y porque Bogart me daba pena con eso de su inmovilidad de labio superior.
¡Me haces desvariar, Yann Tiersen!
Como te decía, el venía a esta casa con muchas de idas de superhombre de Nietzsche, y me hacía creer que Sun Tzu no tenía ni idea de estrategia militar. Maldito.
Oye, a lo mejor IT era bueno y le hicieron creer que era malo. Malditos.
Por donde iba, que no me gusta peinarme. Que la cara llena de pelos al despertarme me dan seguridad, que a mi los versos ya no me valen, me valen los tatuajes de cámaras de cine con huellas, sí, sí. HUELLAS
17/12/13
Tenías que ver como lo sentí en ese momento.
Cuando él estaba cualquier cosa me fascinaba. Las calles llenas de hojas secas, y ese coche aparcado cuando arrancó soltó todos los pedacitos como si fuera confeti. ¡Qué manera de celebrar el otoño, joder!.
Él aparecía, y desaparecía, como mi Guadiana.
Tenías que ver como sentí ese momento.
Cuando él no estaba, me fascinaba como las cosas me sentían a mi. No hacía aire, pero las hojas del árbol más cercanas a mi tenían un baile... ¡Joder, ni que sintieran la ventisca que tenía por dentro!.
Tenías que ver como sentí ese momento.
El despertarme y verlo en la cama, yo con las ingles llenas de moratones, él con la espalda llena de arañazos. Y Reverte, el jodido mirón, en la mesa esperando que le tocara a él. ¡Eso era despertarse, con el olor a café y amor en la habitación!.
Pero no tenías que ver como me sentí esta mañana.
Con un arañazo en teta menor, con Nina Simone diciendo que feeling good y yo que poco me podía sentir así. Fue como abrir la ventana para ver que día hace. ¡Un jodido golpe de realidad en la nariz!. Que bastante fría la tenía ya esta mañana de no haberme acurrucado en su ombligo.
Y ahora queda que imagine hasta que vuelvas a llenar los huecos de la cama, de la casa y de mi cuerpo. Que imagine cuando el champú se escapa entre mis dedos por la espalda que es tu mano. En menuda maldita víbora que te vuelves, con lo caliente que te me pones por las noches, y lo frío en la ducha.
Y que los caballos que representan tus dedos tardarán poco en galopar por mis llanuras bélicas.
Cuando él estaba cualquier cosa me fascinaba. Las calles llenas de hojas secas, y ese coche aparcado cuando arrancó soltó todos los pedacitos como si fuera confeti. ¡Qué manera de celebrar el otoño, joder!.
Él aparecía, y desaparecía, como mi Guadiana.
Tenías que ver como sentí ese momento.
Cuando él no estaba, me fascinaba como las cosas me sentían a mi. No hacía aire, pero las hojas del árbol más cercanas a mi tenían un baile... ¡Joder, ni que sintieran la ventisca que tenía por dentro!.
Tenías que ver como sentí ese momento.
El despertarme y verlo en la cama, yo con las ingles llenas de moratones, él con la espalda llena de arañazos. Y Reverte, el jodido mirón, en la mesa esperando que le tocara a él. ¡Eso era despertarse, con el olor a café y amor en la habitación!.
Pero no tenías que ver como me sentí esta mañana.
Con un arañazo en teta menor, con Nina Simone diciendo que feeling good y yo que poco me podía sentir así. Fue como abrir la ventana para ver que día hace. ¡Un jodido golpe de realidad en la nariz!. Que bastante fría la tenía ya esta mañana de no haberme acurrucado en su ombligo.
Y ahora queda que imagine hasta que vuelvas a llenar los huecos de la cama, de la casa y de mi cuerpo. Que imagine cuando el champú se escapa entre mis dedos por la espalda que es tu mano. En menuda maldita víbora que te vuelves, con lo caliente que te me pones por las noches, y lo frío en la ducha.
Y que los caballos que representan tus dedos tardarán poco en galopar por mis llanuras bélicas.
7/10/13
Él era el jodido principio de cualquier canción de Hendrix,
era los nervios al entrar en un concierto, la adrenalina de un viento que se
colaba por tu ventana cuando movías las caderas, los hombros, los brazos y ese
jodido culito que parece salido de un maniquí.
Era la mirada de Amelie en la pared del cuarto, los libros
de Sampedro, vibradores en la mesita de noche, un remolino de juguete que nunca
llegó a saber lo que era el girar.
Él era el primer paso en la luna, el primer borracho de la
historia, la droga en los 80, la movida madrileña, la barba de cinco, seis,
ocho días. La llegada de internet, la música gratuita, los festivales de rock y
los indies. Él era la música de Pink Floyd, el voyeur de la puerta entreabierta
mientras te colocas la liga.
Los ceniceros hasta arriba de colillas sin historias, y
cuentos sin Cenicientas.
¡Qué joder!, no tienes ni idea de lo que es que él llegue de
la nada con esa tarta de manzana y no sepas que pueda ser un padrastro, como el
de los dedos que anda jodiendo cuando tengo nervios y quiero morderme las uñas.
Que alguien enfadado me observa por las noches y espera que le hable, que le
diga que ¡ya está bien! Que nos hemos cansado de apologías de la vida y
metáforas sin realidades. Que esto se acaba y que no habrá ni carcajadas.
Y que me des fuego, con ese que huele a gasolina, con ese
que nosotros conocemos, préndeme, lento, y sin piedad. Que estoy hecha de un
material muy inflamable y me salen borbotones de imaginar que el principio de
cualquier canción de Hendrix pueda empezar con tus manos en mi espalda.
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Nubes de Limón
En esta vida hay que equilibrar esa balanza de la gente que no quiere sonreir.
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