Tenías que ver como lo sentí en ese momento.
Cuando él estaba cualquier cosa me fascinaba. Las calles llenas de hojas secas, y ese coche aparcado cuando arrancó soltó todos los pedacitos como si fuera confeti. ¡Qué manera de celebrar el otoño, joder!.
Él aparecía, y desaparecía, como mi Guadiana.
Tenías que ver como sentí ese momento.
Cuando él no estaba, me fascinaba como las cosas me sentían a mi. No hacía aire, pero las hojas del árbol más cercanas a mi tenían un baile... ¡Joder, ni que sintieran la ventisca que tenía por dentro!.
Tenías que ver como sentí ese momento.
El despertarme y verlo en la cama, yo con las ingles llenas de moratones, él con la espalda llena de arañazos. Y Reverte, el jodido mirón, en la mesa esperando que le tocara a él. ¡Eso era despertarse, con el olor a café y amor en la habitación!.
Pero no tenías que ver como me sentí esta mañana.
Con un arañazo en teta menor, con Nina Simone diciendo que feeling good y yo que poco me podía sentir así. Fue como abrir la ventana para ver que día hace. ¡Un jodido golpe de realidad en la nariz!. Que bastante fría la tenía ya esta mañana de no haberme acurrucado en su ombligo.
Y ahora queda que imagine hasta que vuelvas a llenar los huecos de la cama, de la casa y de mi cuerpo. Que imagine cuando el champú se escapa entre mis dedos por la espalda que es tu mano. En menuda maldita víbora que te vuelves, con lo caliente que te me pones por las noches, y lo frío en la ducha.
Y que los caballos que representan tus dedos tardarán poco en galopar por mis llanuras bélicas.
17/12/13
7/10/13
Él era el jodido principio de cualquier canción de Hendrix,
era los nervios al entrar en un concierto, la adrenalina de un viento que se
colaba por tu ventana cuando movías las caderas, los hombros, los brazos y ese
jodido culito que parece salido de un maniquí.
Era la mirada de Amelie en la pared del cuarto, los libros
de Sampedro, vibradores en la mesita de noche, un remolino de juguete que nunca
llegó a saber lo que era el girar.
Él era el primer paso en la luna, el primer borracho de la
historia, la droga en los 80, la movida madrileña, la barba de cinco, seis,
ocho días. La llegada de internet, la música gratuita, los festivales de rock y
los indies. Él era la música de Pink Floyd, el voyeur de la puerta entreabierta
mientras te colocas la liga.
Los ceniceros hasta arriba de colillas sin historias, y
cuentos sin Cenicientas.
¡Qué joder!, no tienes ni idea de lo que es que él llegue de
la nada con esa tarta de manzana y no sepas que pueda ser un padrastro, como el
de los dedos que anda jodiendo cuando tengo nervios y quiero morderme las uñas.
Que alguien enfadado me observa por las noches y espera que le hable, que le
diga que ¡ya está bien! Que nos hemos cansado de apologías de la vida y
metáforas sin realidades. Que esto se acaba y que no habrá ni carcajadas.
Y que me des fuego, con ese que huele a gasolina, con ese
que nosotros conocemos, préndeme, lento, y sin piedad. Que estoy hecha de un
material muy inflamable y me salen borbotones de imaginar que el principio de
cualquier canción de Hendrix pueda empezar con tus manos en mi espalda.
22/5/13
Tengo la mesa llena de chapas de cervezas, una Ray Ban sin funda, un ambientador sin estrenar, una botella de whisky barato, un regalo que no termino de enviar, una carta que no termino de escribir. Tengo la rosa que me regalaste en Noviembre, seca, pero viva. También tengo una dieta que me mandaron y que una vez intenté seguir pero cada vez que vienes me traes azúcar en tu saliva y me olvido.
Por debajo de todo eso, o mejor, por encima de todo eso, está la toalla que usaste el último fin de semana que viniste, están tus calzoncillos a cuadros y la camiseta con la que duermo, no sé. Será que quiero que se impregne el olor de tu cuerpo.
No me apetece cambiar de sábanas, jodida vaga y jodida melancólica, porque quizá siendo pocas cosas las que olvidas no quiero que se esfumen. No he cerrado la película que dejamos a medias para seguirla cuando vengas. Y sobre todo, no abro el cajón de la mesita que los consoladores me harán sarcasmos y pocos orgasmos.
Que la mierda de luz que entra por la ventana no tiene que ver con la que entra los días que estuviste. ¡ Y ESO QUE ESTABA NUBLADO!
No quiero que te vayas tan pocas veces, quiero que sean más fines de semanas roncando y menos semanas esperando. No sé porqué motivo me he acostumbrado a tus labios en mi espalda, y no quiero dejar de sentirlos.
Por debajo de todo eso, o mejor, por encima de todo eso, está la toalla que usaste el último fin de semana que viniste, están tus calzoncillos a cuadros y la camiseta con la que duermo, no sé. Será que quiero que se impregne el olor de tu cuerpo.
No me apetece cambiar de sábanas, jodida vaga y jodida melancólica, porque quizá siendo pocas cosas las que olvidas no quiero que se esfumen. No he cerrado la película que dejamos a medias para seguirla cuando vengas. Y sobre todo, no abro el cajón de la mesita que los consoladores me harán sarcasmos y pocos orgasmos.
Que la mierda de luz que entra por la ventana no tiene que ver con la que entra los días que estuviste. ¡ Y ESO QUE ESTABA NUBLADO!
No quiero que te vayas tan pocas veces, quiero que sean más fines de semanas roncando y menos semanas esperando. No sé porqué motivo me he acostumbrado a tus labios en mi espalda, y no quiero dejar de sentirlos.
10/5/13
Casi siempre en esta vida vivimos en un orgasmos de sensaciones, un violento llegar y volver de mil sensaciones, un silencio que no quiere flotar por las aceras, un silencio que quiere empapar a toda la ciudad que nos rodea. No seguimos ningún tipo de show, seguimos la vida del que se sienta al lado en el autobús, y ese sigue la vida del que le escribe en el móvil. Vivimos rodeados de oscuridad aunque sea un día a las 12 de la mañana sin nubes en Cáceres.
No entiendes lo que es volar por encima de tus dedos, no te entra en cabeza, y cuando lo consigues, se desmorona y la presión hace que bajes de golpe.
Jodida gravedad, y jodido hermanos Warner que me hicieron creer que los ratones siempre escapaban de los gatos. Y que un correcaminos le volvía loco a un coyote. Nunca me dijeron lo crudo que era tener un vida, por mucho que Irvine Welsh me dijera que eligiera una vida, un trabajo y sobre todo una jodida droga.
Puta yo por elegir la droga de la gente, la de estar rodeada y tenerla y sentirme vacía.
Quizá el globo que se fue volando de entre mis dedos no quiera volver, y mi abuela me lo dijo una vez, que si sigo echando la vista atrás el pasado me adelantará tanto que no habrá como cogerlo de nuevo.
16/4/13
Para las sonrisas Yann Tiersen, para las nostalgias Édith Piaf, para los ánimos descompuestos Ray Charles, para la cama Yiruma, para soñar tus caricias, para perder el control Chick Corea, para imaginar Jimi Hendrix, para cerrar los ojos Pink Floyd, para volar tus besos, para creer Michel Petrucciani.
Para el Jazz y el Rock no mezcles algo amargo.
Y entonces llegan las mil dudas que no dirías nunca cuando fumas un cigarrillo, por si el humo entra mal y el acorde de violín pierde la forma original. Y si ese alto de guitarra nos hace perder el ritmo de los pies. Y quizá no sea el momento idóneo para que te diga que en la vida puedes sentir mil canciones que compone el jodido corazón cuando cree que eres tú el que llamará a esa puerta.
Putas, putas orgías de ángeles que me llaman a la puerta, que no dejan escapar el gemido de uno de ellos por la ventana de la cocina. Que el aceite amasa esos cuerpos y los hace borbotar como buñuelos de viento en el aceite de una sartén de los 90.
Y deja que te diga que en esa calle ya no pasean más ligas negras con adornos navideños desde que tú no quieres pasar la mano por esas nalgas rojas y blancas del frío, y que nadie más ha querido desde que tú sabías como hacerlo y dejaste a todos por debajo de cualquier nivel.
Que salgamos a la calle ya, que hace un día de miedo para poder tumbarse en cualquier acera a pedir cariño, a pedir dinero para un whisky barato o qué coño, para pedirles a todos que vuelvas.
10/4/13
Hay gente que se estudia durante dos o tres años para sacar una oposición. Con ello, es de suponer, que tendrán trabajo asegurado el resto de su vida. Yo me he pasado 19 años esperándote, si a mi me dicen después de 8 meses (dale la vuelta por favor) que esto no es para siempre, que no he luchado lo suficiente, que no llego a tu altura, que no puedo ser nada de lo que gira en tu mundo... Permite que me derrumbe, porque no he encontrado más abrazos como los tuyos, porque no hay mayor alegría que verte dormido en mi pecho y verte furioso en mis bajos.
Enséñame a ver sin ventanillas, ni cortinas la realidad si tiene que venir, y si es un sueño despiertame que no quiero seguir imaginando y no teniendo. Deja que siga luchando.
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Nubes de Limón
En esta vida hay que equilibrar esa balanza de la gente que no quiere sonreir.
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