13/2/11

Porque te necesito como a la luna en las noches oscuras. Porque te necesito llenando de olores de amanecer mi cama. Porque te necesito canturreando canciones de antaño. Porque te necesito a mi vera, rozándome el labio con los dedos. Porque me haces falta hoy más que nunca, que la tarde se ha puesto gris, y no tengo ni Mahous en la nevera. Ni chocolate en la despensa, ni café en la cafetera. Tengo mono de tabaco dulce. De tus labios de fuego... Y que nunca había sentido tanto frío en el cuerpo como hoy, que el hielo se está empezando ha hacer eterno, o eso me parece. Ven a verme. Sácame de la Siberia extremeña, y juguemos al amor.

12/2/11

Si tu magia no nace por aquí...

Te deslizas como si fueras de viento...
Sí me sueltas entre tanto viento...

9/2/11

Dicen que el mundo tiene unos cuatro elementos vitales para nuestra existencia, el aire, la tierra, el agua y el fuego. ¿Por qué el fuego? ¿Por qué yo te necesito a ti esperando a que me despierte fumando un cigarrillo al lado de la ventana? ¿Por qué necesito que enciendas la lumbre por la noche porque soy incapaz? ¿Por qué? Sí, es necesario también el fuego. Porque yo te necesito a ti, y sin ese elemento quizá no serviría de nada esto. Yo no vivo porque sí... Una noche el fuego de mi padre hizo que mi madre sintiera bien dentro. Pero hoy tengo una Antártida aquí dentro y no sabes lo que se siente al no poderla apaciguar. Esta noche te he visto en la calle, ya no nos dejan ni fumar tranquilos en los bares, y te perdía en los silencios de la gente, y te encontraba con el silencio de los coches. Y perdía el frío en ese momento. Y alguien cruzaba de bando. Y esta vez he caído. No estabas solo... ¿Por qué, si hace dos días estabas fumando en mi ventana, si hace una noche estabas echando leña a mi lumbre? ¿Quién es ella? ¿Cuándo le has conocido? ¿No crees que merezco un poco de serenidad en esto? Me gustaría haber ido allí, y besarte, hasta que sintieras el aire frío que recorre mis entrañas, para que sintieras el dolor de un adiós no pronunciado. Para que ella supiese que no tengo miedo. No tengo miedo a nada de lo que vendrá. Y quiero, quiero abrazarte, que me traigas el desierto del Sahara de nuevo, y que me lleves a Iguazú, y que crucemos con canoas el por el viento. Y que de la tierra salgan flores del color del carmín que me diste... Lo necesito.
Vamos, valiente.

De ese color.

7/2/11

Me enerva...

No me gusta la tele alta, pero escucho la música con tanto volumen que me pitan los oídos. Nunca he entendido porqué la gente escucha house, o reggaeton. No entiendo porque me llaman rarita si escucho Extremoduro. No me gusta el silencio que se produce el segundo antes de decir un te quiero, más que nada porque él mira siempre nervioso. Me gusta estar con alguien una noche y al día siguiente no recordar a que sabían sus labios. Me gusta la vida. Y eso es algo que tengo claro. Me da pánico el frío en verano y en sus brazos. Jamás he soñado con caída de dientes ni nada por el estilo. Confío en mis sentimientos y eso me ha hecho perder muchas veces. Me gusta rodearme de mis amigos y que abran las alas cuando les dices que mal. Te enseñan a soñar, y eso quizá es malo, pero son mis amigos. Quizá hoy en el entierro no me salga ninguna de las palabras que me había apuntado con miedo en la mano, al querer despedirme de este amor. Quizá viva de nuevo.

3/2/11

Amaba esa dulce sensación de que todos te miran por celos. Me gustaba el silencio que se producía cuando ibas de la mano con él. ¡Qué bonito era el que te dijera te amo, cuando ese local estaba abarrotado de gente que no hacía más que desprender miradas indiscretas! Después no me gustó la sensación de que me miraran, porque no eran celos, era pena. No me gustaba el silencio porque ya no iba de tu mano. No me gustaba que las miradas indiscretas pasaran por mi portal, porque ya no iba a locales. Desde que te fuiste fui difícil de conquistar. Ni un hombre me hacía sentir como tú. Y nadie me había querido echar para adelante... Y llegó él. Con ese pelo negro desafiando a tus ojos verdes, llegó con primaveras metidas en un bolsillo de pana. Y no en el frío cuero que me abrigó. Tenía una sonrisa que evocaba a la Antártida entera de lo claro que era su ser. Nunca llevó botas, pues las deportivas te permiten correr más, y el viento entra por los calcetines. Nunca me ha hecho sentir tristeza bajo el bolsillo donde guardaba un pañuelo, que por cierto tiré. Sabía cuales eran mis flores favoritas, pero sabía mi olor preferido también. Jamás me dio un clavel, sabiendo que hay rosas con jazmines que elevan la esencia. Él sabía que me gustaba escuchar, y estando conmigo nunca puso nada del barrio, ni de los chichos ni ciertos grupos. Siempre dijo que Roberto Iniesta era un inepto, pero le gustaba el solo de guitarra. Al menos eso. Nos gustaba el vino de cartón, pero solo con chucherías dentro. A ti solo te ganaba con ron, y sabes que le odio, donde esté el whisky que me quiten cualquiera más. El tenía el pelo oscuro, como tus sueños... Y nunca me dijo adiós.

2/2/11


Hoy cumple años mi madre, nunca me había propuesto regalarle nada, pero hoy sí. Hoy tenía ganas de darle un ramillete de violetas. La tienda más cercana a mi de flores no disponían de dichas. Pregunté por los jazmines, sí, esos que inundan la casa con un dulce y fresco olor a verano y a noches en vela. No es época de ellos. Y por último los claveles, esos que acompañan con mi casa, el salón verde botella, y las noches oscuras, más aún aquí dentro. Blancos que dan brillo, como el de los ojos de mi madre. Gracias mamá. Te quiero de verdad.
Manos las de mi madre, tan acariciadoras,
tan de seda, tan de ella, blancas y bienhechoras.
¡Sólo ellas son las santas, sólo ellas son las que aman,
las que todo prodigan y nada me reclaman!
¡Las que por aliviarme de dudas y querellas,
me sacan las espinas y se las clavan en ellas!

Para el ardor ingrato de recónditas penas,
no hay como la frescura de esas dos azucenas.
¡Ellas cuando la vida deja mis flores mustias
son dos milagros blancos apaciguando angustias!
Y cuando del destino me acosan las maldades,
son dos alas de paz sobre mis tempestades.

Ellas son las celestes; las milagrosas, ellas,
porque hacen que en mi sombra me florezcan estrellas.
Para el dolor, caricias; para el pesar, unción;
¡Son las únicas manos que tienen corazón!
(Rosal de rosas blancas de tersuras eternas:
aprended de blancuras en las manos maternas).

Yo que llevo en el alma las dudas escondidas,
cuando tengo las alas de la ilusión caídas,
¡Las manos maternales aquí en mi pecho son
como dos alas quietas sobre mi corazón!
¡Las manos de mi madre saben borrar tristezas!
¡Las manos de mi madre perfuman con terneza!
Alfredo Espino.

Te quiero mamá.
http://www.youtube.com/watch?v=o1UhzRO-S60
http://www.youtube.com/watch?v=zVRN8d2kh1g
Gracias.

1/2/11

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Me he perdido en mil edredones diferentes. He llorado en mil baños de distintos colores. Mis manos ha habitado mil bajos distintos. Mis sueños han volado por aceras ajenas. He robado sonrisas y he robado lágrimas con besos. He metido goles jugando de pequeña, y he parado todo balón. He corrido haciendo un calor tórrido pero también bajo la lluvia más rápida. He sabido controlar impulsos y otras muchas veces los dejado actuar. No recuerdo nada de lo que hice ayer, si no hay una risa que acompañe. No me acuerdo de las lágrimas que dejé por nadie. Y no recuerdo a los que me hacen mal. Me gusta sentir que soy yo, sin peros con mi sonrisa en forma de media luna, la que sonríe al viento y no pasa nada.

Nubes de Limón

Nubes de Limón
En esta vida hay que equilibrar esa balanza de la gente que no quiere sonreir.

Limoneros

Vie.

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Confundo el cine con la realidad.

Veces que soñé